Querido Diario:
Anoche escuche a mis padres hablando en la otra habitación. Hablaban de tierras lejanas y planetas extraños. Mi madre le decía que deje las tonterías, que ya esta grande para soñar con viajar por el espacio, y que se dedique mejor a su trabajo. Estaba enfadada, pero él seguía con su tono esperanzado y soñador.
Recuerdo que de pequeña me hablaba de lugares maravillosos que existían mas allá de las estrellas, me contaba historias de seres alucinantes que vivían allí. Seres inteligentes. Yo siempre sonreía, creía que eran historias de hadas que inventaba para entretenerme. Pero luego me di cuenta que él se tomaba muy enserio todo eso. Siempre investigando, siempre mirando el firmamento por las noches, buscando un indicio de que hubiera algo mas allá... Aunque, claro, nunca ha encontrado nada que indique que sus teorías son ciertas.
Una vez por mes va con sus amigos a esas convenciones de fanáticos como el. Ahí ha conocido gente que dice haber visitado esas tierras distantes, o que tienen objetos que dicen ser de esos seres y los han conseguido quien sabe como. Papi parece un niño en ese lugar, gasta demasiado en comprar cosas inservibles y luego tiene que inventar excusas para que mami no se enoje demasiado. En una sola ocasión lo acompañe a una de estas reuniones, y aunque a mi no me pareció la gran cosa, él estaba feliz. Por eso le sigo el juego, porque se que mantener vivo ese sueño es muy importante para él, es como su escape de la vida cotidiana.
Pero seamos sinceros... ¿Quién puede creer que en algún lugar del universo exista otro planeta como Mintaka? Un lugar con tierra de color blanco puro, y un cielo morado profundo es habitado por seres vivos con inteligencia que sueñan con conoces mundos lejanos como es el nuestro. Un planeta con una brisa suave que acaricia la piel verde clara como la de todos mintakenses, donde nuestro cabello casi transparente baila alegremente. Es maravilloso pensarlo, pero un mundo así... Realmente, no creo que exista.
Xanté


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