Corría. El viento refrescaba su cara y llevaba volando sus lagrimas. Avanzaba prácticamente por instinto, porque los ojos llorosos no podían ver nada. Y le dolía... ¡Dios, como le dolía! Parecía que el pecho iba a partírsele a la mitad. Al menos correr calmaba un poco, los pensamientos se iban flotando lentamente, y se sentía mejor. Pero las lagrimas seguían fluyendo.
Ya no sabia cual era el motivo exacto del llanto. ¿Seria por la traición? Había confiado plenamente en él. Capaz era el sentir la soledad cubriéndola lentamente de nuevo. Tenia miedo de estar sola, quizá era por eso que se había acercado a él en un principio... Pero él ya no formaba parte en su vida. No desde que lo había visto abrazo y besando apasionadamente a esa morocha en el club.
Un bocinazo la devuelve rápidamente a la realidad. Las luces del automóvil la encandilan y queda cegada por un momento. Escucha el insulto para nada amigable que le proporciono el conductor y sacude la cabeza algo confundida. Se limpia las lagrimas con el dorso de su mano izquierda, logrando ver un poco mas. Por la acera hay mucha gente caminando, nadie se da cuenta que una adolescente casi niña con el corazón roto esta allí, tan cerca de ellos. Y se siente abatida por la soledad nuevamente.
sábado, 27 de marzo de 2010
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