
Mi hermana y yo siempre fuimos muy unidas de pequeñas. Pero en la adolescencia nos distanciamos al punto de pasar días sin dirigirnos mas palabras que un ocasional saludo en la mañana. Por eso, la tarde que entre a mi cuarto y la vi colgando del techo... Bueno, simplemente no entendí que sucedía. Me costo un poco asimilarlo, era una imagen grotesca. Los ojos parecían salírseles de las orbitas, y la lengua colgaba anormalmente larga sobre su pecho. Debajo de ella había un banco caído, y todo el cuarto estaba muy desordenado. Un par de gruesas lagrimas habían dejado un rastro blancuzco en sus mejillas. Al levantar la vista desde la puerta, había mirado directamente a sus ojos vacios. Un segundo después y como pude, salí tropezando de la habitación llamando a mis padres a los gritos.
No recuerdo que paso luego, pero la casa se lleno de policías y gente yendo y viniendo por todos lados. Suicidio, dijeron. Yo solo estaba ahí, sentada, con la mirada fija en el suelo. No pudieron convencerme de ir al funeral, no soportaba la idea de verla así otra vez, por eso me fui a dormir temprano esa noche. Y fue cuando empecé a sentirla cerca.
Mientras lloraba abrazada a mi almohada, el extremo del colchón se hundió levemente. Mire, pero como no vi a nadie pensé que solo era mi imaginación combinada con el cansancio. Entonces, sentí que acariciaban mi cabello, muy suavemente, como cuando éramos niñas y yo estaba triste. Ella me abrazaba y me acariciaba así mientras tarareaba una canción. Desde entonces, ella fue mi ángel guardián, siempre bondadosa y cuidándome cuando estaba triste. Siempre, hasta que lo conocí a el...
Marcos era maravilloso. Cinco años mayor que yo, pero no me importaba. Deportista, popular, era como el sueño de toda adolescente. Por eso pensé que nunca se iba a fijar en mi. Ni bien nos conocimos, el se me acerco y me hablo con mucha ternura, lo que hizo que varias de mis compañeras empezaran rumores sobre mi. No les hice caso, yo estaba encantada con Marcos.
Un par de meses después, lo invite a visitarme. Me quedaba sola en casa por el fin de semana, así que el sábado a la noche lo llame si quería ir un rato. Obviamente, dijo que si, aunque se escuchaba dubitativo cuando le di mi dirección. Llego un par de horas después, con una sonrisa temblorosa en los labios. Parecía nervioso, algo no muy propio de el, pero asumí que era porque estaba solo en casa con una chica que aun no había cumplido los dieciocho. Lo hice pasar a la sala, una cosa llevo a la otra, y sin saber como, minutos después estábamos besándonos apasionadamente en el sofá. De golpe, se escucho un fuerte ruido que venia del piso de arriba. Pensé que habían entrado ladrones o algo, así que agarre un bate de la cocina y subí a mi cuarto. Una creería que con un chico casi adulto en la casa debería sentirse protegida, pero Marcos no quería subir al segundo piso. Refunfuñando, luego de dudar unos minutos, me siguió.
Abrí la puerta de mi cuarto y encendí la luz. Todo estaba desparramado, el piso lleno de papeles, y justo a mis pies había una foto con mi hermana. La levante cuidando de no cortarme con el vidrio roto del cuadro y se la pase a Marcos para que la tuviera un segundo mientras yo revisaba la ventana. La traba estaba puesta del lado de adentro, y no parecían haberla forzado. Me di media vuelta y vi a Marcos pálido y asustado. Me miraba a mi y a la foto por turnos. Se adentro un paso dentro de la habitación y tirando la foto sobre la cama, empezó a abrir la boca para decir algo cuando la puerta se cerro como si un viento fuerte la hubiera azotado y las luces empezaron a tintinear. Marcos abrió grandes los ojos mirando hacia en centro de la habitación. Allí estaba mi hermana, de pie con sus manos moradas y su rostro deformado, con los ojos clavados en el.
Marcos retrocedió, cayo sobre la cama y siguió arrastrándose sobre ella hasta llegar a la pared. Mi hermana avanzaba lentamente, sin dejar de observarlo con aparente interés. El empezó a balbucear algo que apenas pude entender porque las cosas de la habitación empezaron a volar y a chocar contra las paredes. Le dijo “Solo intentábamos hacerte una broma... No teníamos intención de dañarte...” mientras lloraba frenéticamente. Ella no lo escucho, se inclino sobre el y sonriendo, lo beso. Las luces se apagaron completamente por unos minutos en los que no pude parar de gritar.
Lo ultimo que recuerdo haber visto antes de desmayarme, fue a Marcos colgando del techo de mi habitación, con ojos que parecían salirse de las orbitas, y la lengua anormalmente larga...


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